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Viernes, 11 Septiembre 2015 10:32

Voces para aliviar la violencia y el alma

Hablar de la cultura como un elemento de cohesión social que contribuya a la reducción de la violencia en una sociedad como la nuestra pareciera un ideario que no se puede lograr;  sin embargo, existen un sinfín de expresiones culturales que se portan o practican a diario y que abonan para que este malestar pueda curarse.

 

Una de estas expresiones culturales que se encuentra anclada en la población es la voz… un  instrumento que en ocasiones nos pone en serios aprietos, pero que en otras nos genera muchas satisfacciones, tal es el caso de las esplendorosas melodías interpretadas por el Coro Nacional de El Salvador.

El Coro Nacional pertenece al Departamento de Música, como parte de la Dirección Nacional de Artes, Teatros y Espacios Escénicos —de la Secretaría de Cultura de la Presidencia. Está integrado por un director, un pianista acompañante y 40 cantantes (diez bajos, ocho tenores, diez sopranos y doce contraltos).

 

Familia, disciplina y canto

David y Alexander Castellón, en la tercera temporada regular 2015 del Coro Nacional, realizada en el MUNA.David y Alexander Castellón, en la tercera temporada regular 2015 del Coro Nacional, realizada en el MUNA.David Castellón García, de seis décadas de edad, tiene ocho años de formar parte del Coro y sus primeras “andanzas en la cantada” surgieron cuando estudiaba en el Tercer Ciclo General Francisco Menéndez, conocido por Tercinframen, donde uno de sus compañeros le enseñó a tocar guitarra.

“Mi primer encuentro con la música fue allí… en el Tercinframen, donde aprendía a tocar la guitarra, con la cual comencé a interpretar piezas de tríos —Los Panchos, Los Dandys y Los Tres Ases, entre otros—; luego me incorporé cantando en las agrupaciones de la parroquia de María Auxiliadora (Don Rúa) en los 70, y hoy en la parroquia de San José de la Montaña”, recordó Castellón.

Luego amplió: “Estando en estas congregaciones de la Iglesia decido incorporarme al coro, iniciativa cultural que disfruto porque uno se siente en otro mundo, más cuando lo acompaña la Orquesta Sinfónica de El Salvador”.
Este intérprete, oriundo de Soyapango —con residencia en los alrededores del centro comercial Plaza Mundo—, destaca las virtudes de su pertenencia al ensamble: “Estando en el coro he aprendido a disfrutar a mi familia, a ser disciplinado y he logrado entender bien a los clásicos como Mozart, Beethoven y Chopin”.

Cuando David habla de disfrutar a la familia es porque, dentro de su pasión por el arte y sus andanzas por el Coro Nacional, también va incluido su hijo David Alexander de 25 años de edad, quien es tenor uno.

 

Tocar el alma de las personas

 Los conciertos del 9 y 10 de septiembre de 2015, realizados en el Museo Nacional de Antropología Dr. David J. Guzmán (MUNA), estuvieron bajo la dirección del maestro Julio Polanco.Los conciertos del 9 y 10 de septiembre de 2015, realizados en el Museo Nacional de Antropología Dr. David J. Guzmán (MUNA), estuvieron bajo la dirección del maestro Julio Polanco.

 

“Gracias a las enseñanzas de mi papá —David—, he aprendido a cantar,  y gracias a él también formo parte del coro”, sostiene Alexander Castellón, joven talento, que además estudia sexto año de la carrera de Medicina.

El joven tenor agregó: “La enseñanza de mi padre y la disciplina que tengo con las prácticas en el coro las he incluido en lo que estudio, porque intento tocar el alma de los pacientes y de las personas que me escuchan; por eso invito a todos los jóvenes a que se animen en participar en iniciativas como éstas”.

Por su parte, el maestro Julio Polanco, director del Coro Nacional, sostiene: “El coro es una herramienta muy poderosa. Somos una comunidad para concertar, de allí la palabra concierto. Los integrantes tienen que concertar conmigo, para unificar los criterios de las distintas piezas a interpretar, de lo contrario no pudiéramos hacer esta simbiosis”.

El director del ensamble explica además que hay otros valores que surgen del trabajo en conjunto: “Aunado a esta concertación, aplicamos diferentes valores como la solidaridad y el trabajo en equipo, que no solo los transmitimos al interior, también los aplicamos con nuestras familias y nuestras amistades”.

“Con el Coro hemos llegado a muchos jóvenes con nuestra temporadas didácticas —de mayo a julio—. En estas presentaciones, siempre hago un ejercicio para que los estudiantes pasen al frente a dirigir el equipo; lo que pretendo es construir  líderes en canto, tocarles el alma para que se inspiren y busquen la música como un instrumento para no andar en malos pasos. Invertir su tiempo en algo productivo como es la música”, amplía el músico.

 

Nutriendo el alma

“Desde que estaba en la pancita de mi madre —María Elizabeth de Escobar— formo parte del coro. Pasó más de 30 años cantándole a los salvadoreños. Por eso es que casi toda mi vida he formado parte del coro, porque la acompañé a los ensayos y a los conciertos”, comenta Elizabeth Escobar Gerónimo, de 29 años de edad. Elizabeth Escobar junto al Coro Nacional interpretaron en el Mes Cívico, «El carbonero», «Chalatenango» y «Las cortadoras» de Pancho Lara, entre otras piezas de Centroamérica. Elizabeth Escobar junto al Coro Nacional interpretaron en el Mes Cívico, «El carbonero», «Chalatenango» y «Las cortadoras» de Pancho Lara, entre otras piezas de Centroamérica.

Esta fémina, originaria de Ayutuxtepeque, es nutricionistas de profesión y forma parte del Coro Nacional: “Me hace más integral. Aquí invierto mi tiempo en algo productivo, he conocido más personas, he salido del país y he aprendido a ser solidaria con el resto de las personas; además, me hace más completa…organizada y disciplinada, como fue mi madre”, acotó.

Elizabeth tiene diez años como parte del Coro Nacional. Es dueña de una voz grave, la cual la posiciona como contralto dentro del grupo. Ella inició este recorrido por el canto al comenzar sus estudios universitarios; ahora cuenta con una amplia trayectoria cantoral y desde su experiencia hace un llamado a la juventud: “a que se interesen por el arte, por la música, esto nos desconecta del día a día, de los problemas. Aquí  uno se relaja y agarra mucha energía positiva para salir adelante”.

Como esta nutricionista, y amante de la música electrónica y el pop rock, existen muchos jóvenes que forma parte de bandas y grupos musicales en los distintos centros educativos del país que fueron inspirados por las temporadas didácticas del Coro Nacional de El Salvador, el ensamble estatal que está abierto a la participación de la juventud.

“Lo único que necesitan para formar parte de nuestro equipo es ser mayor de edad —21 años, de preferencia— y que sus padres los apoyen. Aquí ustedes van a desarrollar muchas habilidades, se sentirán en familia. Tengan presente que la música los lleva a muchos lugares y muy lejos en cuanto a crecimiento de valores”, puntualizó el maestro Julio Polanco.

Modificado por última vez en Miércoles, 16 Septiembre 2015 07:52