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Jueves, 16 Abril 2015 16:14

“Por poco me matan, porque los hombres…no bailan”

Por su notable y destacada trayectoria —de más de tres décadas —  en la danza, el teatro y la docencia, el maestro Marcial Gudiel será reconocido por la Dirección Nacional de Formación en Artes, a través de una presea donada por la Asamblea Legislativa.

El reconocimiento se realizará a partir de las cuatro de la tarde del próximo viernes 17 de abril, en la sala Carlos Cañas del Centro Nacional de Artes (CENAR) y se enmarca dentro de  las actividades que realiza la Dirección de Formación en Artes para conmemorar el Día Internacional de la Danza (29 de abril).

Marcial Gudiel Meneses nació en el departamento de Sonsonate en 1943. Hijo de padres artistas, no consagrados, pero deleitados en las artes, desarrolló un gusto innato por éstas.

El maestro es pionero en las artes danzarías de El Salvador, llevándolas a lo largo y ancho del territorio nacional e internacional. En 1977, junto a la maestra Alcira Alonso, Gudiel, conforma el Ballet Folklórico Nacional.

Actualmente, funge como coordinador del departamento de Folclore de la Escuela Nacional de Danza Morena Celarié (END).

Para conocer su trayectoria, conversamos con él  —15 de abril—, en las instalaciones de la END.  Compartimos la entrevista.

¿Qué le evoca su infancia?  

A mis padres. Ambos eran artistas, no de esos conocidos, sino personas que les encantaba incursionar  en la rama del arte y lo desarrollaban.

Mi padre —a nivel empírico— sabía tocar muy bien la bandolina, la guitarra, el violín y la flauta. Mi madre, la guitarra,  y podía cantar, además  pintaba, dibujaba y bailaba. ¡Ninguna se le comparaba en el bailar!

Fue mi mamá, quien me enseño a bailar como los nativos de la región de Izalco. Pues, asistía a los bailes del cabildo de esta zona.

 

Es decir,  que  ella  influyó para iniciarse en la danza.

Sí, influyó mucho en lo que ahora soy. Por ejemplo, en el arte de la declamación, me hacía: “aprenderme de memoria los poemas”. Luego se los declamaba, y según como ella sintiera, así me premiaba con dos o tres centavos.

Recuerdo la vez que me hizo aprender el poema “Cerraron sus ojos” (Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer), la hice llorar. En esa ocasión, el premio fue de 25 centavos.

 

¿Qué hacía con ese dinero?

Lo de la época, comprar dulces y frescos, muchos… —cierra con sonrisas—.

 

¿A qué edad bailó su primera canción?

Bueno, cuando aprendí a caminar… entonces, empecé a bailar—bromea—. Mi primer baile fue a los tres años, había un vecino que daba clases en una academia y ejecutaba todos los tipos y estilos de baile. Llegaba a mi casa, ponía música y lo seguía tal cual.

 

¿Cuál es su formación en la danza?

Prácticamente en el ámbito de la danza folclórica no tuve ninguna formación más que la de mi madre. También, ella me inculcó uno de los métodos de la investigación social, la observación.
Nunca imaginé convertirme en un maestro de danza formal. Por mi conducta reprochable no logré sacar el bachillerato  en el tiempo estipulado, era tremendo y me expulsaban a cada rato —sonríe con pena—.

En este lapso conocí a una señora, muy querida para mí; ella me lanzó  a la bohemia, y pasé nueve años sin estudiar.  Pero luego de este tiempo,  me pregunté ¿de qué voy a vivir?, la respuesta fue inmediata, «tengo que estudiar». Decidí regresar al colegio para ver si me aceptaban, dijeron que sí, sólo había una condición… formar un grupo de danza que los representara.

 

¿Qué significó esta experiencia?

Crecimiento y desarrollo, porque me inició en la docencia al dirigir este grupo. Los representantes del colegio conocían mis habilidades en la danza, me tomaban en cuenta para la mayoría de presentaciones —días festivos y participación en obras—, porque también soy actor, tuve la oportunidad de recibir clases de actuación con don Hugo Granadino.

Fue aquí donde tuve mi primer contacto con la Escuela Nacional de Danza, porque el colegio Tomás Jefferson fue sede de un concurso de danza clásica, y ganamos. Como premió,  la escuela me pagó clases con una maestra de la END que llegaba a Sonsonate.

Cuando ella se retiró, me invitó a la END. Y cuando hablé en mi casa de esta propuesta,  por poco me matan, porque los hombres…no bailan, como castigo me pusieron en una academia de fisicoculturismo, para que me hiciera hombre.

 

¿Aun siendo su madre quien lo instruyó en  la danza?

Ella lo hacía a nivel de baile social, no artístico. Sin embargo, dejé el fisicoculturismo argumentando que ya no iba a crecer—lo cual no era cierto—, pero fue la mejor excusa para salirme de esta etapa. En ese momento, me olvidé de la danza.

 

¿Qué acontece después?

En 1971 vino la U (Universidad de El Salvador, UES) y comienzo arquitectura. Por ese mismo año, el director del Círculo Estudiantil de Sonsonate me pide levantar el grupo de danza que tenían; al siguiente año, se toman la UES y no finalizo mi carrera.

Para 1973 consigo plaza oficial dentro del Círculo Estudiantil de Sonsonate, ganando 150.00 colones; el grupo con el que trabajo se llamaba “Agua en cunas de coco”, y en 1976, ganamos  el Certamen Nacional “COPA”.

 

¿Persistía el deseo de formarse en Educación Superior?

Sí, en el 1982 ingreso a la Universidad Francisco Gavidia, a la carrera de Ciencias de la Educación —egresado—, tenía el sueño de crear el plan curricular de la Escuela Nacional de Danza, aunque solo significara hacerlo para el Departamento de Folclore, con miras a acreditar el estudio del arte en el país.

 

¿Qué opinión tiene de los procesos  que se plantean para acreditar la formación artística en nuestro país?
Hay muchos que dicen “quisiéramos que la formación del arte sea formal”.
Aunque se acreditara la danza, siempre va hacer no formal,  porque no quieren entender que formal se le llama todo aquello que tiene que ver con el coeficiente intelectual. Pero lo no formal, está en el plano de la conciencia y el espíritu, eso es la danza.


¿Cuándo comienza como docente la END?

Antes de ingresar a la Escuela, también dirigí un grupo de danza del Banco Cuscatlán.

Pero, fue por la licenciada Concepción Guevara de Clará, y su  interés de fomentar el estudio de la danza folclórica que me trae a la END, en el año de 1980.

 

¿Cómo inicia el Departamento de Danza Folclórica?

Fue hasta 1981 que iniciamos como Departamento. Recuerdo que  comenzamos con 20 alumnos, teníamos como objetivo,  formarlos en la danza y en disciplinas inherentes a ésta.

 

¿Cuántos años tiene de formar a la niñez, a los  jóvenes y los adultos?

En la  END comencé en 1980 y en el 2006 me jubilé, si hace la cuenta… ya son varios años.

Pero, en el 2007 me vuelven a llamar, y desde esa  fecha, acá estoy. Son más de tres décadas de estar en la Escuela.

 

¿Qué le significa ser docente de danza?

Es un recurso maravilloso la danza para la formación del carácter de cualquier individuo, mujer u hombre. La persona se vuelve propositiva, habilidosa, creativa y  desarrolla percepción en el campo cognitivo y social. Además, alcanza un nivel de abstracción superior.

 

¿Qué transmite cada vez que baila?

Son cosas diferentes, bailar y ser docente de danza. Sin embargo, cuando yo doy clases siento que parte de mí se está desprendiendo, trato que esto llegue hacia los alumnos y ellos asimilen, esa es mi verdadera intención como docente.

Cuando bailo, dependiendo de lo que vaya a ejecutar, me transformo y me disperso por todo el escenario para llegar hasta el público, para que comprendan y vivan lo que estoy haciendo. Me gusta que la gente perciba lo que yo proyecto.

 

¿Concibe el mundo como una constante coreografía?

Hago todo esto porque me nace hacerlo. Si me encerraran en un cuarto y no me pusieran nada que me motivará a bailar, bailaría siempre.

La danza no es una coreografía, es mi corazón. El día que mi corazón deje de latir, ese día dejaré de bailar o viceversa.

 

Maestro, usted será galardonado el próximo 17 de abril ¿Qué significa este reconocimiento?

Es una muestra de aprecio de parte de mis compañeros.

 

En el marco del Día Internacional de la Danza (29 de abril) ¿Cuál es el mensaje que envía a  sus colegas, alumnos y el público en general?

Que nos volvamos más analíticos, nos demos cuenta de quiénes somos y qué es lo que más necesitamos. Además que saquemos adelante la danza, porque el despertar de la conciencia  solo la logramos a través del arte,  y  la danza, es parte ese arte.

Modificado por última vez en Lunes, 20 Abril 2015 13:38