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Martes, 17 Febrero 2015 13:47

“Tenemos que repensar la investigación para beneficio de la sociedad”

La política cultural del reformismo militar salvadoreño, 1948-1960; La  guerra centroamericana contra los filibusteros, 1856-1857 y El conflicto Honduras-El Salvador, julio de 1969, son los más recientes escritos del maestro Carlos Pérez Pineda, el nuevo director nacional de Investigaciones de la Secretaría de Cultura de la Presidencia.

El maestro Pérez ha sido nombrado Director Nacional de Investigaciones por el secretario de Cultura, Dr. Ramón Rivas, el 6 de febrero de 2015. Anteriormente, el Msc Pérez Pineda había formado parte de un equipo especializado de investigadores de la DNI.

Pérez, asume la Dirección  Nacional de Investigaciones en Cultura y Arte con el compromiso de darle seguimiento a  los programas: Cultura, Arte y Literatura; Cultura, Memoria e Identidad; Cultura de Paz y Democracia; Cultura y Religión.

El nuevo Director tiene una maestría en Historia de Centroamérica por la Universidad de Costa Rica, una licenciatura en Socionomía por la Socialhögskolan de la Universidad de Lund, Suecia, y una licenciatura en Antropología Social por la Escuela Nacional de Antropología e Historia, México.

Para conocer los compromisos adquiridos por el investigador Carlos Pérez ofrecemos, a continuación, su más reciente entrevista.

¿Qué hace Carlos Pérez en el campo de la investigación?

Dentro de la Secretaría de Cultura me dedico a la Historia, en especial a la historia militar en Centroamérica; esta es una dimensión de la investigación que ha sido olvidada pese a que históricamente la Fuerza Armada ha sido una institución medular del Estado durante los siglos XIX y XX.

Desde la Secultura, he llevado a cabo investigaciones dentro del marco del programa cultura del autoritarismo, y el resultado de dicha labor ha sido el libro “Y perezca primero la patria que humillarse sin brío ni honor…”, La guerra centroamericana contra los filibusteros, 1856-1857, una contribución al conocimiento de un importante episodio histórico regional casi olvidado. Asimismo, he publicado un par de ensayos en la revista  Identidades: Las Fuerzas Armadas y la sobrevivencia del Estado (Revista Identidades, No. 5) y La política cultural del reformismo militar salvadoreño, 1948-1960 (Revista Identidades, No. 8) —de próxima publicación—.

En la actualidad, he estado trabajando en una investigación sobre los primeros 20 años de la Guardia Nacional de El Salvador (1912-19232), un cuerpo emblemático surgido en el período de la República Cafetalera (1876-1931), al que se ha considerado como especialmente ligado a la llamada oligarquía agroexportadora.  Afortunadamente, he tenido acceso a importante información sobre el tema en el Archivo General de la Nación (AGN), que también forma parte de la Secultura, y en otros fondos documentales.

 

¿Personas externas a la Secultura piensan que esta institución es solo espectáculos?

En esta Dirección hacemos investigaciones culturales y dentro de lo cultural está incluida la historia, que es mi especialidad; pero también existe un equipo multidisciplinario que trabajan en pesquisas documentales, biografías, formulación y aplicación de encuestas y entrevistas en cuatro grandes programas que generan insumos teóricos para fortalecer las políticas culturales.

El primero de estos es denominado “Cultura, memoria e identidad”, aborda temas provenientes de las civilizaciones mesoamericanas prehispánicas y se ocupa de las dinámicas que la sociedad salvadoreña ha cimentado para proteger y atesorar la memoria ancestral y los procesos de identidad.

Además, contamos el programa “Cultura de paz y democracia”,  investiga  el tema de la violencia con el objetivo de llevar un planteamiento sólido sobre esta problemática a la comunidad académica y al público en general y hacer espacios de reflexión que permitan buscar la forma más viable para contribuir a la solución de este serio problema. Este programa lo trabajamos con apoyo de la Universidad Evangélica de El Salvador (UEES).

A estos dos programas se suma el de “Cultura, arte y literatura”. Aquí impulsamos talleres de creación literaria, conferencias y la revista ARS; además, se complementa con el desarrollo de las investigaciones en el campo de la historia y la crítica de las artes plásticas y la arquitectura contemporánea y prehispánica.

Finalmente, estamos trabajando con el programa Cultura y religión, que pretende alentar un intercambio intelectual  y de estudios académicos interdisciplinarios acerca del tema de la religión a través de  diversas perspectivas de las humanidades y las ciencias sociales.

Como resultado del trabajo que realizamos en esta Dirección ponemos a disposición de los lectores un selecto material de contenido cultural que  es divulgado mediante nuestras revistas ARS e Identidades. Quiero agregar que existe un nuevo componente que aspiramos desarrollar en la DNI,  el de la memoria histórica, un rubro que había quedado en el olvido y que el Dr. Ramón Rivas ha tomado a bien retomarlo y que con gusto vamos a impulsarlo.

 

¿Cuál es su gran desafío  como Director?

Racionalizar y maximizar los recursos; como Dirección vamos a optimizar los recursos, siguiendo las directrices de nuestro secretario de Cultura, Dr. Ramón Rivas.

En estos tres años de laborar para la Secultura con mi equipo de trabajo hemos verificado que podemos producir, en períodos relativamente cortos, materiales resultado de  investigaciones que tienen  respetabilidad académica.

 

¿En el campo de los pueblos originarios?

Nosotros tenemos un antropólogo dentro del  equipo, ojalá podamos desarrollar investigaciones sobre los pueblos originarios. El Protocolo de San José compromete al  Estado salvadoreño en la preservación y visibilización de los pueblos indígenas como parte del reconocimiento de sus derechos. Por ejemplo, al estudiar la salud popular, es inevitable hacer referencia al saber tradicional de las comunidades indígenas, en donde los curanderos se presentan como médicos y frecuentemente logran aliviar los males de la población. Hay que trabajar con todas esta visiones para contribuir a la realización de los objetivos del Gobierno en el tema salud.

¿Qué pasa con la investigación en El Salvador, está en el olvido?

En El Salvador se hace investigación, las universidades lo hacen, algunas instituciones privadas lo hacen y desde la Secretaría de Cultura también contribuimos para estimular la reflexión crítica sobre la realidad salvadoreña.

Creo que la investigación histórica en el país ha tenido su proceso; por ejemplo, la mayor parte de los que escribieron la historia de El Salvador no eran historiadores académicos, sino profesionales liberales, escritores y sociólogo. Ellos no  tuvieron las facilidades que actualmente tenemos para obtener información, como hoy lo tenemos en el AGN, sin embargo produjeron obras que son consideradas pioneras y en algunos casos como trabajos clásicos de la historiografía salvadoreña. Por eso los respeto, por su encomiable labor, por su valiosa contribución, superando muchas dificultades, al conocimiento del pasado de nuestro país. Siento gran respeto por estos historiadores empíricos.

Ahora las cosas son diferentes, ya tenemos acceso a la documentación histórica del país en el AGN, por lo menos a la información que se conservó después del incendio de 1889. Allí tenemos una riqueza de información que apenas estamos conociendo, es un terreno inexplorado. Al respecto quiero destacar que la mayoría de nuestras investigaciones han sido producto de la documentación que encontramos en el Archivo.

Le cuento mi experiencia, he encontrado  documentación de los primeros años la Guardia Nacional, que es la investigación que tengo en proceso; también sobre la participación salvadoreña en la Guerra Nacional contra los filibusteros. Además, hay documentación, considerada equivocadamente como perdida, de la Gobernación de Sonsonate, que trata sobre las condiciones rurales previas, durante y posteriores a la  rebelión campesina de  1932. Ese Archivo es un tesoro documental, es terra incognita.

Ahora bien, que pasa con el desarrollo de las investigaciones. Estoy de acuerdo de que los jóvenes investigadores egresados de la Universidad de El Salvador o de otras instituciones se dediquen a elaborar sus trabajos sobre temas de la actualidad en los países desarrollados y comprendo su entusiasmo por los enfoques temáticos novedosos. Pero estas investigaciones tienen  que acompañarse de las grandes investigaciones que todavía están pendientes y que constituyen sus referentes. Es mucho lo que ignoramos sobre nuestra historia

Quiero parafrasear al sociólogo francés Gilles Bataillon: “Tenemos que caminar primero por las grandes autopistas, para luego transitar por los senderos, y no al contrario”. Es decir, que los jóvenes investigadores tienen que considerar también la necesidad de explorar los grandes procesos de nuestra historia, aquellos que conformaron nuestras particularidades históricas y que determinaron el rumbo de nuestro desarrollo. La novedad en la investigación historiográfica no debe dejar de lado esta tarea pendiente.

Desde la DNI, tenemos interés en no descuidar este tipo de investigaciones. Hemos dado los primeros pasos, por ejemplo con el rescate de la memoria de la guerra contra los filibusteros en Nicaragua, con el estudio de la criminalidad durante el gobierno de Hernández Martínez, con investigaciones sobre la historia del protestantismo en El Salvador, por ejemplo, pero todavía resta muchísimo por hacer. Para ilustrar la problemática, existen consistentes e interesantes biografías sobre los dictadores Jorge Ubico en Guatemala, Tiburcio Carías Andino en Honduras y un buen trabajo realizado por un destacado historiador salvadoreño, el doctor Knut Walter, sobre el gobierno de Anastasio Somoza García en Nicaragua. Sin embargo, no tenemos ninguna biografía con dignidad académica de Maximiliano Hernández Martínez, a pesar de lo mucho que se comenta sobre el personaje histórico. Al respecto, existe abundante información documental en el AGN esperando las preguntas de los historiadores, incluso se conservan cartas personales del general que se encuentran en el Museo Militar del ex cuartel El Zapote.

Si la Historia estuviera viva y pudiera platicar con esta sobre los procesos de investigación, ¿qué le preguntaría?

Cuál es la mejor manera de reescribir la historia reciente de nuestro país, porque esta está muy contaminada por las ideologías, por los mitos. Hay cosas que son míticas, se repiten y se repiten hasta la saciedad sin ningún sustento histórico documental.

En El Salvador existen algunas investigaciones  o  estudios del pasado, elaborados a partir de intereses del presente… Aquí se continúan inventando héroes de bronce tal y como se hacía en el último tercio del siglo XIX, cuando alentados por el éxito de la revolución liberal se procedió a construir las figuras de los nuevos héroes, los Próceres de la Independencia, Gerardo Barrios, Manuel José Arces, que todavía son las figuras  predilectas de la fuerza armada a pesar de su escaso éxito como militares y como políticos, grandes conductores de soldados, jefes siempre victoriosos de las frecuentes guerras faccionalistas, han sido relegados al olvido por los que impulsaron la fabricación de héroes de finales del siglo XIX y principios del XX. Incluso figuras tan mediocres en términos de sus méritos militares como Tomás Regalado ha dado su nombre a unidades militares importantes de nuestra Fuerza Armada. Y de los héroes políticos inventados, mejor ni hablar.

De aquí  la importancia de investigar, a  profundidad en todos los temas relevantes, seguramente vamos a descubrir que los héroes que hoy celebramos no eran tan héroes  y que existen otros personajes  que son más importantes que estas figuras controversiales. En la actualidad se repiten los procesos de invención de héroes, básicamente ese tipo de iniciativas no ha cambiado, siempre se repiten y seguimos inventando héroes de bronce ajustando y distorsionando la historia, sin importar que muchos de los protagonistas de esa historia todavía estén vivos.

¿Qué podemos hacer para repensar los procesos de investigación histórica?

Dignificar a la Historia,  a quienes se dedican a realizar investigaciones y a todos los involucrados en ella. Desde la entrada del Dr. Ramón Rivas, se están impulsando iniciativas importantes para preservar la memoria histórica. A nuestro pueblo le gusta la historia, he participado en varios eventos de divulgación a nivel nacional y a nuestras comunidades les fascina. Como Secultura participamos en  charlas con un lenguaje accesible al amplio público, sin pedantería y con  expresiones sencillas, pero sin sacrificar el rigor histórico. Este es un gran desafío que, en lo particular, me produce muchas satisfacciones. Nuestro pueblo merece este esfuerzo y sabe apreciarlo. En esta parte es donde la mayoría de instituciones públicas o privadas tenemos  que trabajar más.

Siempre en esta línea de difusión, tiene que existir un involucramiento de otros sectores, como los medios de comunicación masiva. Le planteo una interrogante: ¿Qué tan a menudo se invita a un historiador e investigador a un programa de debates? Hay problemas actuales, como el de la criminalidad, que deben ser abordados desde una perspectiva histórica pero esa dimensión no existe en muchos de los programas de debate y de entrevistas que miramos en nuestros televisores. Por eso escuchamos a veces cosas absurdas, por ejemplo cuando se habla de la delincuencia. Alguien se ha preguntado si el Estado salvadoreño resolvió el problema de la delincuencia alguna vez. Uno de nuestros investigadores ha establecido que durante el gobierno del general Hernández Martínez hubo muchos delitos violentos que en determinados momentos tendieron al alza más que a desaparecer. Desde el punto de vista del registro histórico, por ejemplo, ¿cuál es el número de asesinatos aceptables para declarar resuelto el problema de la criminalidad en el país?

Como Dirección de Investigaciones de Secultura hemos encontrado en el AGN, periódicos de la década de 1960 en donde se destacan, a diario, terribles asesinatos en todo el territorio nacional. Creo que nos llevaríamos una gran sorpresa si esos crímenes se hubieran contado como los medios de comunicación lo hacen en el día de hoy. Ahora si se lleva ese conteo, porque hay intereses políticos de por medio pero todo parece indicar que nuestro país nunca resolvió el problema de la violencia, a lo sumo la contuvo.

Yo desafío  a cualquier persona a que abra los periódicos del siglo XX, que consulten el AGN y la hemeroteca del MUNA y se enteren de la asombrosa cantidad de crímenes en aquellas épocas, algunos de ellos verdaderamente atroces, crímenes de niñas, extorsiones y mutilaciones de la peor especie, entre otros.

Por qué no se llama a los historiadores e investigadores para hablar de la pena de muerte en el pasado, a manera de ejemplo; lamentablemente no se aprovecha el conocimiento histórico. Por eso tenemos que repensar los procesos de investigación y que estos sean dignificados por todos los sectores, dándole la importancia que se merecen. Sólo así, haremos memoria histórica, sin crear mitos o héroes de bronce.

Las  experiencias históricas nos permiten saber qué es lo que salió bien y que política particular resultó mal; tenemos que aprender y  aclarar  las historias mal contadas desde la óptica de los políticos y de los aficionados, como la falacia de que el general Hernández Martínez acabó con el crimen, y hasta con los criminales, en el país. El gran peligro del presente para la historiografía salvadoreña es, insisto,  la contaminación ideológica del conocimiento histórico. Quiero aclarar que esto no significa que los políticos y quienes debaten no deben hablar del pasado, considero es legítimo hacer referencias al pasado en el terreno de la polémica, pero eso no debe ser considerado como que las cosas ocurrieron precisamente de esa manera. Los historiadores tenemos al respecto más restricciones pues argumentamos con documentos que sustentan nuestras interpretaciones.

Parece ser que ya me extendí demasiado, le agradezco la oportunidad de expresar algunas de mis apreciaciones e ideas sobre temas que interesan a muchos salvadoreños. Muchas gracias.

Modificado por última vez en Miércoles, 08 Abril 2015 14:45