Sí las plantas hablaran, nos relatarían gran parte de la historia salvadoreña, nos narrarían los estragos que hacemos las personas al contaminar el medioambiente; también, explicarían cómo gracias a sus propiedades curativas, de renovación del oxígeno, contribuyen al desarrollo científico, cultural y económico de nuestro país, es decir, sin plantas no hay vida.

“Conversar sobre este tema, para explicar en qué consiste un herbario, es detallar minuciosamente una colección de ejemplares deshidratados. Traduciéndolo de manera sencilla, es una biblioteca de ejemplares muestras de plantas, en las que se preservan hojas, flores y frutos secos que una vez secas o deshidratadas deben mantenerse con una temperatura y humedad relativa constante para poder conservarlas por muchos años, para poder contar con ellas cuando investigadores y estudiantes necesitan revisarlas, y conocer la información que les acompaña”, dijo la licenciada Jenny Menjívar, bióloga, curadora del Herbario Nacional MHES, con sede en el Museo de Historia Natural de El Salvador MUHNES.

El Herbario Nacional MHES nació en 1976, al interior del Museo de Historia Natural de El Salvador (MUHNES) del actual Ministerio de Cultura. Posee más de catorce mil muestras distribuidas en ocho colecciones y alrededor de cinco mil en proceso de registro.

De acuerdo con Menjívar, el MHES resguarda muestras de plantas vasculares inferiores (algas, briofitas o musgos, hepáticas, líquenes, helechos) y de vasculares superiores (gimnospermas, monocotiledóneas) siendo la colección de dicotiledóneas la más grande dentro del herbario; también, se resguarda la colección de semillas y frutos —llamada carpoteca— y se mantienen como inquilinos ejemplares del reino fungi (hongos).

Según la especialista, la información de una muestra cuenta con un nombre científico, en algunos casos con nombre común (denota aspectos culturales de la comunidad local), fecha de colecta, altitud y ubicación geográfica del lugar donde fue colectada, nombre del o los colectores y una breve descripción del sitio específico de colecta; de preferencia, cada pieza debe contar con fotografía de la planta en fresco y otra ya seca.

“Para algunas personas, estos lugares no revisten mucha importancia; son de la idea que guardar plantas y hojas muertas no tiene mucho sentido para el país; sin embargo, el conocimiento sobre las plantas nos ayuda a resguardar no solo el acervo científico, también conservan la cultura al documentar los usos y costumbres alrededor de las plantas, y el desarrollo económico nuestro”, expuso Menjívar.

La bióloga y especialista en plantas está en la fase final de una investigación sobre las gramíneas de El Salvador, plantas de mucha importancia económica y alimenticia, proyecto que se ejecuta con el Herbario Tropical de la Universidad de Florencia, Italia.

Las gramíneas son parte de la vegetación natural. La más conocida por las familias salvadoreñas es el maíz. “Pero ¿qué conocemos de esta planta? la mayoría reconocemos sus frutos, entre más grande son, más nos gustan, o que si son más amarillos son más dulcitos, pero en realidad de dónde viene, quiénes resguardan este amparo histórico y cómo fue la evolución del maíz, la mayoría lo desconoce”, exteriorizó Menjívar.

De esta investigación, la especialista adelantó que encontraron una planta llamada Zea luxurians o teosinte (maíz silvestre o primitivo) en una de las zonas costeras de El Salvador, ubicada específicamente en un área natural protegida y expuso cómo contribuye al desarrollo del país.

El teosinte encontrado crece entre 1.5 a 2 metros de altura, la mazorca mide 10 centímetros —la más grande—, posee de tres a seis semillas, su inflorescencia es similar a la del maíz actual, pero su infrutescencia o “mazorca” dista mucho de lo que hoy conocemos.

“¿Cuál es su principal aporte al desarrollo cultural y económico? nos enseña cómo una mazorquita dio origen al maíz que nos comemos en la actualidad, y cómo esta planta fue la base alimenticia de nuestros ancestros y para la población salvadoreña actual. En cuanto al desarrollo económico, el maíz es parte de nuestra canasta básica. Con el teosinte ya tenemos un banco de germoplasma nativo que puede utilizarse en la biotecnología para el fitomejoramiento de la producción y que puede contribuir a la seguridad alimentaria”, explicó la bióloga.

Al referirse al mejoramiento vegetal, hizo referencia a la aplicación de la ciencia y la tecnología donde se pueden hibridar, multiplicar —clonar— las plantas con características más resistentes a las sequías o las plagas: “El teosinte encontrado resiste a la salinidad y a las altas temperaturas, se convierte en un aliado clave ante este cambio climático. Como vemos es necesario investigar las plantas salvadoreñas, tenemos recursos aun que pueden paliar o ser alternativa para las comunidades locales, necesitamos unir esfuerzos con más instituciones que permitan investigar el germoplasma nativo, y la forma exacta de saber dónde está una planta de interés es a través de un ejemplar de herbario que da fe de la existencia de las especies en un sitio determinado”.

“Para esto nos sirven los herbarios, sus muestras nos ayudan a atisbar la sabiduría que posee la naturaleza, al mismo tiempo son instituciones científicas que dan soporte al desarrollo de nuestra economía y a fortalecer nuestra cultura; allí se encuentra base de información de gran utilidad para investigadores nacionales e internacionales y así aportar a la ciencia, allí está la clave para el desarrollo de nuestra nación”, finalizó la experta.

El Herbario Nacional (MHES), que es parte del MUHNES, está ubicado al interior del parque Saburo Hirao, en el final de la calle Los Viveros, colonia Nicaragua. El horario de atención es de miércoles a domingo, de 9 de la mañana a 4 de la tarde; se brinda atención especializada el último miércoles de cada mes a estudiantes de primaria y secundaria mediante solicitud previa, ya que el cupo de atención es limitado; estudiantes universitarios e investigadores nacionales e internacionales con cita previa.

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